lunes, 10 de enero de 2011

De la ciudad

Creo que el éxito de una ciudad, intencional o no intencionalmente, radica en que todos los espacios de ella sean tanto de tránsito como de permanencia. Todos deben ser habitados a toda hora del día por diferentes tipos de personas que realicen actividades diversas, desde habitar un apartamento, hacer mercado, ir a la tintorería o al banco así como también tener una linda cafetería tradicional o un café moderno para sentarte a tomar un café, discotecas para la noche, parques vecinales y comercio. Cuando un sector de la ciudad está muy "especializado", ocurren fenómenos de migración masiva en horas pico del día, como ocurre con el centro de nuestra ciudad, por ejemplo. 


En cualquier parte del mundo vivir en el centro de una ciudad es lo más codiciado posible, también lo más caro, práctico y lo que te hace tener más sentido de pertenencia para con ella. Pero acá las cosas son al revés. El centro de Caracas, pequeña cuadricula del siglo XVI ciertamente se quedó pequeño ante el inminente crecimiento de la ciudad capital de un país petrolero. Contrario a lo que se podría pensar por el fracaso que tuvo el centro como patrón como referente para la urbanización del resto del valle de Caracas, el llamado damero español tiene una larga tradición hispánica que le hubiese dado el soporte teórico e histórico necesarios para su utilización sistemática en el proceso de urbanización llevado a cabo desde finales del siglo XIX en nuestra ciudad capital. Pero una vez más el petróleo le hizo un daño enorme a la Pnación, a su capital. La influencia americana a causa del recién descubrimiento de nuestra potencialidad energética se manifestó en todos los aspectos de la vida cotidiana. Comenzó la importación de carros y también comenzó la importación de ideas de urbanismo. El modelo de urbanizaciones suburbanas de grandes parcelas para al construcción de grandes cadas al más parecido estilo hollywodense, afectó enorme y negativamente la potencialidad que tenía Caracas de convertirse en una ciudad al estilo hispanoamericano. En cambio, con la transformación de las grandes haciendas del Valle de Caracas en parcelamientos para la construcción de casas, la ciudad resultó en una masa amorfa que se acomoda a la topografía, factor contra el que si no pudieron ni españoles ni hacendados criollos, semejante a una cobija hecha de retazos o, como dirían los americanos, patchwork. 


Pareciera que lo que quiero es hacer quedar mal a los americanos, once again, pero no. Lo que quiero es poner en evidencia que modelo y tipo no es lo mismo. Un modelo es una pieza  que se puede repetir para emular algo mientras que un tipo es algo que tiene una esencia y que no se presta para la repetición indiscriminada. Por eso las modelos son modelos, aunque no sean exactamente iguales a nivel macro y para el propósito que sirven (exhibición de ropa) si lo son. El trasplante de ideas, en este caso urbanísticas, no se puede hacer tampoco indiscriminadamente. Las ideas pueden viajar, internacionalizarse, pero para obtener un resultado positivo de la plantación de las ideas cual semillas fueran se debe pasar por un proceso de tamizado, de digestión y crítica y evaluación de su impacto antes de ser promulgada su validez si o si. Eso fue lo que nos faltó al momento de aplicar ese modelo de urbanización acá, sentido de la pertinencia, sentido de la historia y sentido común, definitivamente el menos común de los sentidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario